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Publicado en Cielos y R...

El peligro de acostumbrarse a Dios. Mt. 11, 20 -24)

​Es un texto que nos confronta, pero que esconde una gran invitación a recuperar la capacidad de asombro. Repasemos esta Palabra.

​1. El Contexto: El dolor de la indiferencia


​Jesús viene recorriendo las ciudades cercanas al lago de Galilea (su "zona de confort", donde más tiempo pasó): Corozaín, Betsaida y Cafarnaún. En estas ciudades la gente lo vio caminar, curar enfermos, multiplicar panes y hablar con una sabiduría nunca antes vista.


​Sin embargo, el reproche de Jesús no es porque lo hayan atacado o perseguido, sino por algo mucho más sutil y silencioso: la indiferencia.


​Corozaín y Betsaida (vv. 21-22): Jesús las compara con Tiro y Sidón (ciudades paganas del norte, famosas por su orgullo y su comercio). Les dice que si en aquellas ciudades extranjeras se hubieran hecho los milagros que se hicieron en Galilea, hace tiempo se habrían arrepentido haciendo penitencia.


​Cafarnaún (vv. 23-24): Esta era la "ciudad de adopción" de Jesús, donde tenía su base. La compara con Sodoma (el símbolo bíblico de la perversión y la destrucción). Cafarnaún se creía muy alta, "elevada hasta el cielo", pero su orgullo la ciego. No reaccionaron ante la presencia del Hijo de Dios en sus propias calles.


​El dolor de Jesús aquí no es rabia destructiva; es la frustración del amor que se ofrece con total generosidad y se encuentra con las puertas cerradas de la rutina y la frialdad.


​2. El Mensaje Central: El peligro de acostumbrarse a Dios


​El gran riesgo que nos señala este evangelio es perder la capacidad de asombrarnos y de cambiar.


​La gente de esas ciudades no era "mala" en el sentido estricto; simplemente se acostumbraron a ver pasar a Jesús. Se volvieron espectadores de lo sagrado. Iban a ver los milagros como quien va a ver un espectáculo, pero volvían a sus casas exactamente iguales, sin dejar que la novedad de Dios tocara sus vidas o modificara sus esquemas rígidos.


​3. ¿Cómo rezar con este pasaje?


​Me propongo tres caminos para dialogar con el Señor hoy a partir de esta advertencia:
​Rezar contra la "rutina espiritual" (Recuperar el asombro)


A lo largo de la vida, y especialmente cuando uno ya tiene un camino recorrido en la fe y conoce de memoria los rezos y los textos, es muy fácil caer en el modo "piloto automático".Nos acostumbramos a que Dios esté ahí, y ya nada nos conmueve.


Me presento ante Él con total sencillez y le digo: "Señor, no quiero que mi fe se vuelva una costumbre aburrida o una teoría fría. Limpiame los ojos del alma para que me siga asombrando de tu presencia silenciosa en mi día, de tu creación, de la vida que me regalás hoy".


​Identifico las "visitas" de Dios en mi historia:


Jesús le reclama a estas ciudades que "vieron milagros" y no cambiaron. Si miro hacia atrás en mi propia vida, ¿cuántos milagros cotidianos, cuántas "visitas" de Dios he tenido? Un momento de paz en medio del dolor, una mano oportuna, el don de la familia, la belleza de un amanecer en el horizonte pampeano... todo eso son pasos de Jesús por mi "ciudad".


Dedico un rato de mi oración simplemente para agradecer esos milagros. y le digo: "Señor, yo sí quiero reconocer que pasaste por mi vida. No quiero ser indiferente a tu paso".


​La humildad de dejarse cuestionar:


Cafarnaún se creía segura y elevada hasta el cielo. El orgullo espiritual es pensar: "Yo ya sé cómo son las cosas, yo ya cumplí, no tengo nada nuevo que aprender".

Rezo con este texto pidiendo  al Señor la gracia de un corazón humilde: "Señor, manteneme siempre con el corazón blando, con actitud de aprendiz. Que tu Palabra me siga cuestionando y transformando hoy, sin importar los años que tenga".